Programa in-company · Habilidades directivas
No entrenamos conceptos: entrenamos comportamientos observables. Delegar, dar feedback, sostener una conversación difícil, decidir con información incompleta. Y al final del programa te decimos, con datos de su propio entorno, qué ha cambiado de verdad.
directores y managers formados
de los clientes repiten
entrenando equipos directivos
Es técnicamente impecable. Lleva años siendo el mejor de su equipo. Y desde que dirige personas, algo no termina de encajar.
Revisa, corrige y acaba asumiendo la tarea. Delegar le cuesta más tiempo que hacerlo, así que no delega. Su equipo no crece, él vive saturado y la organización paga dos veces por el mismo trabajo: una al que lo hace y otra al que lo rehace.
Sabe que hay un problema de rendimiento o de actitud. Lleva meses sabiéndolo. Da un rodeo, lo suaviza en la evaluación anual y el problema sigue ahí, ahora con el agravante de que el resto del equipo también lo ha visto y ha aprendido que no pasa nada.
Traslada lo que se ha decidido arriba sin traducirlo a lo que significa para su área. El equipo ejecuta sin entender, cada cambio de rumbo cuesta el doble de energía y las preguntas que debería resolver él suben un nivel.
El problema de fondo
No es por el contenido. Los modelos que se enseñan en un curso de habilidades directivas —liderazgo situacional, escucha activa, asertividad, gestión del conflicto, inteligencia emocional aplicada a equipos— llevan décadas validados y funcionan. Lo que falla es el trayecto entre la sala y el lunes siguiente.
Los casos del manual no son los casos del participante. Practicar una conversación difícil con un rol inventado entrena la técnica, pero no toca la conversación real que lleva seis meses posponiendo con una persona concreta de su equipo.
El día después de la formación, la única persona que sabe si el manager ha cambiado algo es su equipo, y a su equipo no se le pregunta. Sin observación externa, la conducta vuelve al patrón anterior en cuestión de semanas.
Si el jefe del participante no sabe qué se está entrenando ni qué debería empezar a ver, no lo refuerza. Y un comportamiento nuevo que no se refuerza desde arriba compite en desventaja con el hábito de siempre.
Nuestro programa de habilidades directivas está construido justo alrededor de esos tres fallos: se entrena sobre situaciones reales de tu organización, se observa desde fuera y el responsable directo de cada participante entra en el proceso desde el primer día.
El mapa
Cada habilidad se traduce en un comportamiento concreto y en una evidencia que su entorno puede observar. Si no se puede observar, no lo llamamos habilidad: lo llamamos intención.
Qué entrenamos: Reparte trabajo según madurez, no según confianza.
Cómo se nota: Su equipo cierra tareas sin devolvérselas.
Qué entrenamos: Describe conducta y efecto, no etiquetas de personalidad.
Cómo se nota: Sus colaboradores saben qué repetir y qué dejar de hacer.
Qué entrenamos: Aborda el problema en días, no en la evaluación anual.
Cómo se nota: Los conflictos se resuelven en su nivel, no escalan.
Qué entrenamos: Traduce la decisión de negocio al lenguaje de su equipo.
Cómo se nota: El equipo explica el porqué sin recurrir a él.
Qué entrenamos: Decide con información incompleta y hace explícito el criterio.
Cómo se nota: Se reducen las decisiones devueltas hacia arriba.
Qué entrenamos: Distingue lo urgente de lo que mueve el negocio.
Cómo se nota: Su agenda refleja los objetivos del área.
Qué entrenamos: Conecta la tarea con el motivador real de cada persona.
Cómo se nota: Baja la rotación en su equipo y sube la iniciativa.
Qué entrenamos: Consigue cosas de áreas sobre las que no manda.
Cómo se nota: Los proyectos entre departamentos dejan de atascarse.
El inventario final se calibra con vosotros: no todos los equipos necesitan las ocho, y ninguna organización necesita las ocho a la vez.
Cómo se instala
Una sesión enseña una técnica. Lo que convierte la técnica en conducta es lo que ocurre entre sesión y sesión, y quién está mirando.
Entrevistas con el responsable directo de cada participante, assessment de partida y acuerdo sobre qué comportamientos concretos deben cambiar. Salimos con un objetivo conductual por persona, no con un temario.
Sesiones en grupo sobre situaciones reales de tu organización, más acompañamiento individual. Entre sesión y sesión, cada participante practica con su equipo y vuelve con el resultado. Lo que no se aplica, no cuenta.
Preguntamos a quienes trabajan con él: su equipo, sus pares, su responsable. Ellos dicen si la conducta ha cambiado. Cierras con un informe de impacto por participante y el siguiente nivel de desarrollo.
Lo que nadie te cuenta
En la mayoría de programas de desarrollo directivo, el responsable directo del participante se entera de que su manager ha hecho una formación cuando le llega la factura. Nosotros lo metemos dentro.
En la calibración inicial nos sentamos con él para acordar qué comportamientos concretos necesita ver distintos. Durante la activación sabe qué se está entrenando cada mes, y por tanto qué puede reforzar en su día a día. En la medición final es una de las voces que evalúa si la conducta ha cambiado.
Esto incomoda a algunas organizaciones, y lo entendemos. También es la razón por la que el 98% de nuestros clientes repiten: el cambio deja de depender de la voluntad del participante y pasa a estar sostenido por su entorno.
No lo decide el participante en una encuesta de satisfacción. Lo decide la gente que trabaja con él todos los días. Medimos la evolución con sus stakeholders reales, y ese es el dato que recibes en el informe final: cambio conductual observado por su entorno, no horas de formación impartidas.

























































Preferimos decírtelo antes que después de la propuesta.
Formatos
En tu sede o donde elijas, en cualquier punto de España. Es el formato con mayor transferencia al puesto porque las dinámicas usan los casos reales del equipo.
Sesiones presenciales para el trabajo en grupo y seguimiento individual en remoto. El formato habitual cuando el equipo está repartido entre varias sedes.
Para empresas que quieren empezar por una o dos habilidades concretas antes de comprometer un itinerario completo.
Formación bonificable por FUNDAE. El programa cumple los requisitos para bonificarse a través del crédito de formación de tu empresa. La gestión y tramitación ante FUNDAE la realiza la propia empresa cliente; nosotros te facilitamos toda la documentación que necesites para ello.
Cuéntanos cuántos managers son, qué está pasando en sus equipos y qué te gustaría que hicieran distinto en seis meses. Te respondemos con una propuesta concreta, no con un catálogo.
Belén Berrocal
Sevilla · 954 997 374
Javier Cervera
Madrid · 911 923 569
hello@intiva.es
Son las competencias que permiten a una persona obtener resultados a través de un equipo, en lugar de por sí misma: delegar, dar feedback, comunicar decisiones, gestionar conflictos, priorizar, motivar e influir en áreas sobre las que no tiene mando. Son distintas de las competencias técnicas del puesto, y no se adquieren por antigüedad ni por ascenso: se entrenan.
Un curso entrega contenido y termina. Nuestro programa arranca con una calibración con el responsable directo de cada participante, define qué comportamiento concreto debe cambiar y mide al final si ha cambiado, preguntando a su entorno profesional. El entregable no es un certificado de asistencia: es un informe de cambio conductual por participante.
El programa está diseñado sobre todo para mandos intermedios y managers con equipo a cargo, que es donde el salto de perfil técnico a perfil de dirección genera más fricción. Para comités de dirección y gerencias trabajamos con el Programa de Alta Dirección, y para procesos individuales con coaching ejecutivo.
El itinerario completo se despliega en torno a 14 semanas. La dedicación habitual del participante son unas 4-6 horas al mes entre sesiones grupales y acompañamiento individual, más la práctica en su propio puesto, que no consume agenda adicional porque se hace sobre su trabajo real.
Con los stakeholders del participante: su equipo, sus pares y su responsable directo. Antes del programa acordamos qué comportamientos deben observarse; al final se les pregunta si los observan. Es la misma lógica que aplicamos en todos nuestros programas y es lo que convierte la inversión en formación en un dato de negocio.
Sí, cumple los requisitos para bonificarse con el crédito de formación de tu empresa. La tramitación ante FUNDAE la gestiona la propia empresa cliente; nosotros aportamos toda la documentación necesaria para que podáis hacerlo sin fricción.
Sí. Tenemos oficinas en Sevilla y Madrid y nos desplazamos a la sede del cliente en cualquier punto de España, además de impartir programas fuera del país. El formato híbrido resuelve los casos de equipos repartidos entre varias sedes.
Entre 8 y 16 participantes. Por debajo de 8 se pierde la riqueza de la práctica entre pares y por encima de 20 deja de ser posible que cada participante trabaje sus propias situaciones reales en sesión.
Para directores y managers que ya lideran y necesitan elevar su impacto.
Entrenamiento específico de las conversaciones que mueven el negocio.
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